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Crecimiento horizontal

Una de las tensiones más fuertes de organizaciones jerárquicas es la de «up or out»: una vez entras como junior en una organización, lo que se espera de ti es que escales en ella o seas carne de reemplazo (te vayas o te echen).

Esa norma no escrita es una suerte de darwinismo empresarial, un mecanismo que se justifica a sí mismo como el motor para que fluyan savia e ideas nuevas. En un entorno jerárquico, las tensiones entre progreso y conservadurismo se resuelven por eliminación. No siempre ganan los buenos, pero lo que sí se mantiene es que «si yo gano, tú te vas». Esto, en situaciones límite, se convierte en «si yo gano, tú te mueres». En este contexto de agresividad, cuando uno pierde su posición, es difícil volver a una posición jerárquicamente inferior: a nivel emocional, pero también a nivel grupal. Hay algo que se rompe. Hay algo en «los perdedores» que no gusta en ese tipo de entornos. Como he comentado, esta agresividad se autojustifica «por la sostenibilidad» de la organización.

Y claro, cuando pensamos en entornos autogestionados, la pregunta es evidente: ¿existen mecanismos alternativos para generar sabia e ideas nuevas? ¿Cómo se consigue evitar el estancamiento si no existe la presión externa, el «up or out»? Uno de los principales mecanismos existentes me parece el crecimiento horizontal. El crecimiento horizontal pone las expectativas de desarrollo personal no en ascender en la jerarquía, sino en el deseo de enfrentarte a nuevos retos: la pasión por el aprendizaje y la mejora continua, en convertirte en un renacentista.

No es sólo que en comunidad no exista jerarquía que escalar, sino también que una persona con deseos de crecimiento «vertical» en un entorno autogestionado es tóxica: genera situaciones emocionalmente violentas y obliga a los demás a posicionarse, a ejercer su poder para que no se pervierta el espíritu comunitario. En comunidad, lo bello, lo natural es hacerte cargo de tu propia agenda, dejar que el ímpetu jerárquico te abandone, asumir que en ciertos momentos ejercerás de líder y en otros serás liderado. Lo que importa, es saber que el liderazgo es algo dinámico y compartido y crecer, en este contexto, significa mantener la pasión por enfrentarse a nuevos retos, aspirar a una vida interesante.

Liderazgo y comunidad

Este fin de semana he tenido conversaciones realmente inspiradoras. Una de las ideas subterráneas que ha ido saliendo en diferentes momentos y avatares ha sido ¿qué es el liderazgo?

En el significado profundo del liderazgo subyace la capacidad de hacerse cargo de los sentimientos y deseos de otros: hacerse cargo y ayudar a que eso evolucione en una dirección. Aceptando esta definición, nos quedan muchas preguntas por resolver: ¿es el liderazgo compartido o personal? ¿dinámico o estático? ¿se toma o se acepta?

Mi sensación es que, en comunidad, no hay una sola persona que aglutine todo el liderazgo en todo momento en todas las cuestiones. Un ejemplo muy básico y limitado de esto podría ser la organización de la vida en una unidad familiar tradicional: pongamos por caso una pareja que convive donde, entre semana, es él el que se encarga de cocinar y preparar la comida del día siguiente, pero es ella quien organiza el finde y entre ambos deciden cómo repartir los pescados, carnes y potajes de la semana. Sin embargo, es ella quien lidera por completo (dirección y ejecución) el hacer la colada mientras él hace lo mismo con la organización de cuentas y trastero/despensa.

No me parece que sea un ejemplo muy desacertado y refleja también experiencias personales que he tenido en mi vida y empresa: por un lado, el liderazgo, en comunidad, es dinámico y compartido. Por el otro, que se basa en la confianza y, por tanto, es una posibilidad: no se toma sino que se acepta.